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Angkor Wat: descubriendo templos perdidos en la selva

En Camboya se encuentra la mayor edificación religiosa del mundo y el principal destino cultural del Sudeste Asiático. Un conjunto integrado por centenares de antiguos templos en piedra que mezclan la cosmogonía hindú y budista.

Oculta en la selva camboyana se encuentra una verdadera joya arqueológica que parece salida de una película de Indiana Jones. Se trata de Angkor Wat, un enorme conjunto de templos, cuya edificación principal es cuatro veces más grande que el vaticano. Para su construcción se utilizó más piedra que en las cuatro pirámides de Egipto combinadas y se necesitó un área más grande que la ocupada por la actual París.

En su época de esplendor, a finales del siglo XII, Angkor llegó a extenderse a lo largo de 1000 kilómetros cuadrados. Mirando en retrospectiva, es difícil comprender que esta ciudad medieval estuviera tan avanzada en comparación con el resto del mundo, y que tendrían que pasar otros 700 años para que Londres llegara a ocupar semejante tamaño.

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El origen de una leyenda

Angkor Wat es la máxima expresión arquitectónica del poderoso imperio jemer, que hace siglos dominó el sudeste asiático desde las montañas de la actual Myanmar, hasta las costas de Vietnam y la península de Malasia. Esta estructura descubierta por los occidentales a finales del siglo XVI, es la capital de este antiguo imperio y todavía sigue siendo la construcción religiosa más grande de todo el mundo.

Todo empezó cuando Suryavarman II, rey del imperio jemer desde 1113 a 1150, mandó a construir un lugar tranquilo donde los dioses pudieran dar su aprobación a los mortales. Aunque al principio los templos eran hindúes, bajo el mandato de Jayavarman VII, el lugar se convirtió al budismo, así que se remodelaron algunos edificios para adaptarlos a la nueva religión y años después llegaron los primeros monjes budistas desde Sri Lanka.

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A pesar de la fuerza del imperio y de haber albergado a más de 20.000 habitantes entre sus muros, Angkor alcanzó un periodo de decadencia en el que la gente abandonó el lugar paulatinamente, hasta que solo quedaron los monjes, que seguían realizando sus prácticas religiosas en el recinto. Finalmente, la ciudad fue abandonada completamente en 1432 y la capital del afectado reino fue transladada muy cerca de la actual Phnom Penh.

La selva mantuvo a Angkor oculta hasta que en 1860 un francés llamado Henri Mouhot logró llegar al lugar. Gracias a la publicación en París de sus diarios de viaje, el enigmático yacimiento fue dado a conocer en occidente y en 1908 empezaron las primeras labores de restauración. En 1995 Angkor Wat fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

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Entrando en Angkor

En el templo principal, tres mil cautivadoras apsaras (bailarinas celestiales) decoran los muros exteriores de más de un kilómetro de longitud. A la torre central de tres alturas se puede acceder por unas empinadas escaleras. Los detallados bajorrelieves del complejo describen escenas del Mahabharata, el famoso poema épico de la literatura india, así como del cielo y el infierno, de navegantes en busca del elixir de la inmortalidad, o de batallas y desfiles militares, con elefantes dispuestos para el combate.

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Camboya

Por su parte, Angkor Thom, la ciudad fortificada, construida para ser indestructible después de que guerreros enemigos la invadieran y saquearan por sorpresa en 1177, es un lugar enigmático difícilmente comparable. En sus espectaculares puertas aparece el rostro de Avalokiteshvara, observando los confines del imperio. Centenares de guardianes en piedra vigilan los límites de la ciudad.

Angkor

Y como no mencionar a Ta Prohm, un monasterio que literalmente ha sido tragado por la selva. Sorprenden las enormes raíces que crecen encima de los techos y que se extienden hasta el suelo. Este es uno de los escenarios más recordados de la película Tomb Raider, basada en la famosa serie de videojuegos y protagonizada por Angelina Jolie.

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Una visita inolvidable

Para ver con calma lo más relevante de Angkor Wat, teniendo en cuenta que el conjunto tiene unos 200 kilómetros cuadrados de extensión y un centenar de templos para visitar, se recomienda dedicarle tres días. El recorrido se suele hacer en bicicleta, moto o tuk-tuk (una especie de vehículo motorizado muy popular en el sudeste asiático), siendo este último el más aconsejable ya que los conductores son guías expertos.

Las entradas, disponibles para 1 día, 3 días o una semana, se deben comprar por anticipado. Normalmente los turistas llegan a Siem Riep, la ciudad más cercana, que cuenta con numerosos hoteles, restaurantes, comercios y agencias de viaje para programar excursiones.

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Sin duda, Angkor Wat es el destino por excelencia para viajeros que quieren descubrir lugares únicos y enigmáticos lejos de las congestionadas ciudades. Naturaleza, cultura e historia en estado puro.

Texto y fotografías: A. Rincón