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El hombre que escapó de la cárcel 4 veces

La increíble historia de Steven Jay Rusell, quien con mucho ingenio y sagacidad suplantó identidades, falsificó documentos y fingió su propia muerte para burlar la seguridad carcelaria de Texas.

Desde 1992 hasta 1998, Steven Jay Rusell logró escapar cuatro veces de varias prisiones en Texas. Con increíble facilidad y astucia, se hizo pasar por un doctor, un juez, un guardia, un agente del FBI, e incluso fingió que estaba enfermo de SIDA y declaró su propia muerte.

Antes de empezar su aventura escapista, Steven llevaba una vida bastante normal: estaba casado, tenía una hija y un trabajo como ejecutivo en una empresa de servicios alimentarios. Pero en 1990 decidió confesar su homosexualidad. Fue despedido de su trabajo y dejó a su familia para irse a Miami a vivir la vida que siempre soñó.

Entabló una relación sentimental con un hombre llamado Jim Kemple y, ante los crecientes gastos y el poco dinero disponible, cometió su primer delito. Fingió una grave caída en un supermercado para cobrar una jugosa indemnización a su aseguradora. Sin embargo, al poco tiempo fue acusado de fraude y condenado a seis meses de prisión.

carcel

Después de cuatro semanas de confinamiento, en mayo de 1992, Steven se quitó su uniforme de recluso para ponerse ropa de civil, y llevando un walkie-talkie que había robado previamente, se hizo pasar por un guardia y salió caminando de la cárcel.

Inmediatamente se reencontró con su pareja, quien tenía SIDA y en ese momento se encontraba muy mal de salud. Juntos huyeron de la justicia durante dos años hasta que la policía arrestó a Steven para que volviera a prisión. Jim falleció tres semanas después.

Todo por Phillip Morris

Pero la tristeza de Steven no duró mucho porque estando en la cárcel conoció a Phillip Morris, un recluso del que se enamoró perdidamente. Ambos cumplieron sus respectivas condenas y se fueron a vivir juntos. Todo iba bien, pero Steven quería darle a Phillip una vida de lujos y comodidades que no se podían permitir. Creó un currículo falso y consiguió ser contratado como gerente financiero en la North American Medical Management (NAMM), una entidad estadounidense dedicada a administrar redes de proveedores médicos.

Allí se las arregló para robar más de 800.000 dólares de los fondos a los que tenía acceso directo, en solo cuatro meses. Su vida repentinamente ostentosa despertó las sospechas de sus compañeros de trabajo quienes descubrieron el fraude.

Steven y Phillip fueron enviados a prisión de nuevo, pero esta vez, como Steven ya era considerado un recluso con alto riesgo de fuga, le impusieron una fianza de 950.000 dólares. Claro, esto no iba a detener por mucho tiempo al inquieto Steven, quien un día llamó a la oficina administrativa de la cárcel donde estaba y se hizo pasar por un juez para reducir la fianza a 45.000 dólares. Falsificó un documento para que le concedieran la libertad bajo fianza disminuida y con su propio dinero hizo el pago necesario para salir de prisión.

Esta vez la alegría le duró poco porque tres días más tarde la policía lo encontró en Miami y lo trasladó a una cárcel de máxima seguridad. Lejos de rendirse, y con la clara intención de volver a su feliz vida con Phillip, empezó a planear su tercer escape.

Logró reunir varios marcadores de color verde con los que tiñó su uniforme blanco para hacerse pasar por un médico. Disfrazado, salió caminando a través de los controles de seguridad sin problemas. Buscó a Phillip, quien había salido de la cárcel bajo fianza, y lo convenció de huir a Mississippi. Pero diez días después, la pareja fue encontrada por las autoridades y llevada a la cárcel de máxima seguridad de donde había escapado Steven la última vez.

Todavía no habíamos visto lo mejor de Steven

Con tres inverosímiles escapes en su historial, Steven todavía no había mostrado su obra maestra. Fingió que estaba enfermo de SIDA: dejó de comer para perder varios kilos, simuló dolores y actuó como si no tuviera fuerzas para moverse. Con una máquina de escribir falsificó unos exámenes médicos para demostrar que padecía la enfermedad, así que eventualmente le concedieron libertad condicional para morir en un ancianato. A nadie se le ocurrió practicarle exámenes adicionales para comprobar su enfermedad.

Días después llamó a las autoridades que vigilaban su caso, haciéndose pasar por un médico que buscaba pacientes enfermos de SIDA para realizar un tratamiento experimental. Como todos pensaban que moriría pronto, lo dejaron salir para participar en ese procedimiento, y estando afuera envió un certificado de defunción falso para aparentar su propia muerte.

Pero por supuesto, Steven no se quedaría tranquilo hasta liberar a su amado Phillip. Semanas después, a través de una llamada telefónica se hizo pasar por un juez y consiguió que trasladaran a su novio a una cárcel en Dallas, donde lo visitó disfrazado y con documentos falsos que lo acreditaban como abogado. Los agentes de seguridad se dieron cuenta de su nuevo engaño demasiado tarde, cuando ya se había ido del lugar.

En marzo de 1998, Steven intentó obtener un crédito bancario de 75.000 dólares, diciendo que era un hombre adinerado de Virginia. Los empleados del banco se dieron cuenta de que algo no estaba bien y avisaron a la policía. Cuando llegaron las patrullas, Steven, como era de esperarse, utilizó sus dotes histriónicos para fingir un ataque cardiaco. Lo llevaron a un hospital y le asignaron vigilancia permanente en la puerta, pero él no tardó en llamar a los jefes del operativo desde su teléfono móvil, para ordenarles que lo liberaran haciéndose pasar por un agente del FBI. Increíble pero cierto.

El fin de los escapes

Finalmente, un mes después, Steven fue capturado en Florida y sentenciado a 144 años de prisión. Hoy se encuentra en el centro penitenciario Michael Unit, en Texas, donde permanece encerrado en una celda 23 horas al día, con solo una hora de permiso para salir a bañarse y hacer ejercicio supervisado.

Su larga trayectoria de estafas, engaños y escapes parece sacada de una película. En realidad, hubiera sido un desperdicio no contar su historia en la pantalla grande. No sorprende que en 2009 saliera a la luz la película I Love You Phillip Morris, con Jim Carrey en el papel de Steven Jay Rusell y Ewan McGregor como su famoso novio, Phillip Morris.

Tiene mucho sentido que esta historia de escapes carcelarios se llame así. El propio Steven dijo en una entrevista para The Guardian que “esta es una historia de amor. Se trata de lo que haría una persona enamorada.” Y agregó: “Creo que es un buen título. Hice todo eso porque quería estar con Phillip. Estaba fuera de control.”

Steven también dijo que se arrepiente de sus andanzas: “me siento culpable de haberle quitado la oportunidad a mi hija de verme (ella lo visita ocasionalmente en la cárcel). Yo era una persona completamente diferente en esa época”.

¿Se atreverá a intentar escapar de nuevo? “No. Nunca me pondría a mi ni a nadie en esa situación otra vez. En lugar de sentir lástima por mi mismo cuando perdí mi trabajo, hubiera conseguido otro. No sabía como reaccionar porque estaba enfadado. Ya no lo estoy”.

Como dato curioso, todos sus escapes ocurrieron en viernes 13 porque ese fue el día de su nacimiento. Los guardias que lo vigilan lo saben y por eso cuando esa fecha se acerca, las medidas de seguridad se duplican.